SOPLETEADO DE LOS TAMBORES DE LOS FRENOS.

por Saturnino Núñez Chanquet, Presidente del Centro de Capacitación contra la Contaminación Ambiental Vehicular, A.C.

(Adaptación para Internet del Artículo que apareció publicado en el Periódico “El Sol de Puebla” el 23 de Noviembre de 1992.)

Sopletear los tambores de los frenos: emitir al ambiente una nube de polvo que puede resultar cancerígena, tal vez, falta de conocimiento pero daño provocado.

Esta práctica es muy común en los lugares que se dedican a reparar sistemas de frenos y no es raro ver en muchos talleres, no solo de Puebla sino tal vez de toda la República, a una persona que está aplicando aire a presión para limpiar el polvo y la suciedad acumulada en el interior de un tambor de frenos.

Este artículo no solo será de carácter informativo; mi principal objetivo es hacer un llamado a toda la gente que realiza esta clase de limpieza para que dejen de hacerlo de esa manera. Es publicar los riesgos y sugerir un sistema alternativo de limpieza. Definitivamente, creo que si después de leerlo continúan haciéndolo de la misma manera es porque desean irse suicidando poco a poco, pero lo malo, es que también desean seguir afectando a la gente que está alrededor de ellos.

Durante muchos años, se ha utilizado un material que posee agentes cancerígenos: el asbesto. Este ha sido ampliamente usado para elaborar balatas para los frenos y discos para el embrague o “clutch”. No recuerdo el término específico que usan para saber su grado de llamémosle “contaminante”, pero creo que lo designan como las “fibras” que contiene.

Al reparar un sistema de frenos en los cuales se utilicen tambores, es muy necesario limpiar todo el polvo que se les acumula adentro y que a veces se compacta y se endurece, de lo contrario, la presencia de ese polvo si estuviera suelto, causaría rayaduras en el interior de los tambores.

Es por ésto, que mucha gente utiliza el aire comprimido para realizar la limpieza: la misma fuerza del aire a presión puede llegar a aflojar el polvo que se endurece. Pero al hacerlo de esta manera, están lanzando al aire una nube de polvo, a veces densa, que contiene diversos materiales: polvo y tierra que se recoge del mismo camino, suciedad y lo peor: polvo de balata molida, que es el “ingrediente” más tóxico (Si se le puede llamar así). De esta manera, también se está contaminando el ambiente con partículas sólidas, no solo con gases o con líquidos.

La manera ideal para limpiar ese polvo consiste en aflojarlo con todo ciudado con algún elemento de punta, un cuchillo, una charrasca o alguna otra cosa similar (No enlisto los desarmadores porque no es esa su función, aunque se los agarre hasta para abrir latas de aceite). Una vez que el polvo o la tierra están aflojados, lo más correcto sería recogerlo con una aspiradora.

Como sabemos que desgraciadamente no todos los talleres que se dedican a este tipo de operaciones poseen la capacidad para tener una, la solución alternativa es vaciar ese polvo en una bolsa de plástico con algún cepillo, procurando no levantar el polvo y luego cerrar bien la bolsa. No recomiendo las bolsas de papel por haber más probabilidades de que se rompan.

En muchos libros he leído el llamado a no sopletear con aire comprimido los tambores; espero que después de esta publicación se reduzca esta práctica. Saber que este artículo contibuyó a crear conciencia y sobre todo ver una disminución de los que la realizan, serán la mejor recompensa y el mejor indicativo de que el artículo funcionó.

Por último: así como los libros hacen un llamado a no realizar la limpieza de esta manera, también dicen que es necesario utilizar protección como unos lentes, para prevenir posibles daños a la vista. Este artículo no estaría completo si no se hiciera esta exhortación final.

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